sábado, 8 de diciembre de 2012

Entre semana











Se dijo que las cosas no podrían seguir así por mucho tiempo. Que todo aquello petaría algún día, por algún lado. Que dormía poco, trabajaba mucho y salía demasiado.

Se dijo que las cosas habían cambiado desde hacía un año. Que su vida era ya otra. Diferente, por fin. Que no se iba a consumir quejándose, una vez más.

Tomó el vaso y la miró a través del dorado de aquel whisky ginger ale. Él, que no era de beber, pegó un largo trago.

Se dijo entonces que iba a disfrutar de la noche, de la compañía. Que mañana se ocuparía del resto.


ULTRAMARINOS - carrer de Sant Pau, 126. Barcelona
Agradecimientos a / Special thanks to
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He thought that things could not go on for too long. That everything was going to crumble someday. That he slept little, worked hard and had too much nightlife.

He thought that things had changed a lot from a year ago. That his life was another one. Different, at last. That he was not going to consume himself complaining, once again.

Took the glass and looked at her through the gold whiskey ginger ale. He, who was not use to, hit a long drink.

Then thought he was going to enjoy the night, the company. That he would take care of the rest tomorrow.

domingo, 2 de diciembre de 2012

City dunes




Las dunas parecían tener vida. Un frío seco y silbante había sustituido al tórrido calor de la tarde. Ella se cubrió las manos. La contempló, sentada, con la mirada por encima de sus brazos cruzados, perdida en un negro infinito de estrellas.

La arena del desierto se le escurría entre los pies. De las haimas, una  luz roja hacía grutas de los surcos que había trazado. Profundos ríos de oscuridad las cruzaban, en los que se hubiese dejado ahogar aquella noche.

Las risas y el tintineo de las copas le devolvieron a Barcelona, a aquel recogido restaurante. A la charla, a las historias sobre los bereberes. A la estresante luz de la ciudad.

Special thanks to Monste Soler
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The dunes seemed to be alive. A dry cold whistling wind had replaced the afternoon torrid heat. She covered her hands. He looked at her, seated, staring over her folded arms, lost in a black infinity of stars.

Desert sand was slipping through his feet. From the haima, a red light made canyons of the grooves he had drawn. Deep dark rivers crossed them, where he would have drown that night.

The laughter and the clink of glasses returned him to Barcelona, ​​to the cozy restaurant. To the speech, the stories about the berbers. To the stressful light of city.